22 de septiembre de 2014

Combray

"Al que del culo de un perro se enamora, le parece una rosa", Proust.

17 de septiembre de 2014

Casos y cosas...

Me llega este mensaje a mi correo-e:
Buenas tardes: Nada más le quería avisar que encontré un plagio de uno de sus textos por un alumno de la Universidad de Nuevo León. Lo encontrará en esta página  
Como estoy muy en desacuerdo con esta práctica (además, se trata aquí de un texto públicamente reivindicado como suyo) y como formo parte también del ambiente académico, consideré necesario dárselo a conocer. Con mis saludos cordiales.
El señor J. Manuel Hernández Zamora, lo copió de aquí: Ángeles del abismo: Enrique Serna.

29 de agosto de 2014

Informes de lectura, Roberto Bazlen

Roberto Bazlen, Informes de lectura. Cartas a Montale, Trad. Ernesto Montequin (Argentina: La Bestia Equilátera, 2012).

Decidir si merece o no ser publicado un libro, es una gran responsabilidad. Pero hacerlo como lo hizo Roberto "Bobi" Bazlen, es hacer crítica literaria erudita. ¡Qué bárbaro! Claudio Magris da "la definición más atractiva de la personalidad de Bazlen: es, sugiere, una especie de Musil que no tiene ninguna necesidad de escribir El hombre sin atributos".

   Al hablar de La literatura y el mal de Bataille, en sus informes de lectura, dice (agosto de 1963): "Bataille es un aspirante a loup (lobo), a quien le gustaría quedar bien con Dios y con el Diablo (lo cual está por debajo de la dignidad de todo lobo verdadero, e incluso es lo contrario de su única aspiración), que se contonea frente a lo irracional, y lo que es peor, frente a la Ur; que invoca la crueldad con frasecitas post-symbolistes menos lúcidas que lustrosas, y que es la caricatura de un pequeño "neurótico" estetizante y rebosante de autocompasión (¡no podemos imaginarnos su solitude! ni ¡su tormento!)".

De El hombre sin atributos de Robert Musil, comenta:

12 de junio de 1951

Lamento que haya tanta urgencia. Es un asunto complicado, y para que entiendan bien de qué se trata, me hubiera gustado escribirles más largamente y traducirles algunos fragmentos. Pero dado que hay urgencia, te devuelvo hoy los tres volúmenes y te mando, como puedo, unas líneas que podrán ayudarlos -espero- a tomar una decisión: En cuanto al nivel, es indiscutible y (a pesar de los reparos que haré más adelante y a otros, innumerables, que podrían hacérsele) merece publicarse con los ojos cerrados. En cuanto al valor sintomático de cada página, en cuanto al valor absoluto de muchísimos pasajes, es uno de los más importantes trabajos de todos los grandes experimentos narrativos inconformistas escritos después de la Primera Guerra Mundial, que en su mayoría son obras basadas en el predominio de una sola función llevada hasta los límites permitidos por la pedantería e incluso más allá (en Joyce, por ejemplo, la asociación sonora; en Musil, la precisión del pensamiento). Es muy discutible, en cambio, desde el punto de vista editorial-comercial. Aquí debo hacer de abogado del diablo. Y como abogado del diablo, tengo cuatro argumentos. La novela es:
 
1) demasiado larga
2) demasiado fragmentaria
3) demasiado lenta (o aburrida, o difícil, o como quieras llamarla)
4) demasiado austríaca.
 
    En este breve y hermoso libro, Bazlen nos entrega sus informes de lectura de varias obras de escritores que pasaron ante sus ojos de profundo e incansable lector: Robbe-Grillet, Hamsun, Doderer, Tomasi di Lampedusa, Maurice Blanchot, Ray Bradbury, Bataille, entre muchos otros. Además, las cartas que escribió a Eugenio Montale de 1925 a 1930.

20 de agosto de 2014

¡Condecoración a Imre Kertész!

 
 
 
Hungría condecora a premio Nobel Imre Kertesz
 
El presidente de Hungría, Janos Ader, entregó hoy la Orden de San Esteban, el más alto reconocimiento nacional, al escritor y premio Nobel Imre Kertesz. La condecoración tiene el objetivo de conmemorar la fiesta nacional más importante del país, el día de San Esteban. San Esteban (Esteban I) fue el rey fundador de Hungría y reinó el país del año 1000 a 1038.

Kertesz ganó el Premio Nobel de Literatura en 2002 "por escribir lo que confirma la frágil experiencia de lo individual contra la salvaje arbitrariedad de la historia", señaló en su momento el Comité del Nobel.

Kertesz, un judío, fue deportado al campo de concentración de Auschwitz a la edad de 14 años. Su escritura refleja esa experiencia. Ader comentó que Kertesz merece este reconocimiento por su obra completa, que describe plenamente lo que hacen las dictaduras al alma humana. Particularmente agradeció a Kertesz por su audacia y honestidad como escritor.

La Orden de San Esteban es otorgada para reconocer méritos excepcionalmente sobresalientes que apoyan a Hungría, así como obras extraordinarias y logros internacionales significativos. El primer ministro, Viktor Orban, y el presidente del Parlamento, Laszlo Kover, estuvieron presentes en la ceremonia de premiación.

15 de agosto de 2014

Tristania, de Andrés Acosta

 
 
El Morby y el Sick son dos hermanos, fanáticos del cine de terror, que suelen pasar sus días embebidos por la música de Rob Zombie y los juegos de rol. Su vida transcurre entre eruditas discusiones sobre marcas de cereal y las marchas zombis hasta que, en un viejo cine, conocen a una extraña chica llamada Tristania. A partir de esa noche el destino les hará una mala, ¡pésima!, jugada. A veces lo peor que te puede suceder es que tus más fervientes deseos se hagan realidad.

Mañana sábado 16, es la presentación de Tristania, de Andrés Acosta.
Presenta Iván Farías, acompañado del autor.
A las 13:00 horas, Librería Itinerante Texcoco,
Centro Cultural Mexiquense Bicentenario.
Texcoco, Edo. México.

Tristania, también se presenta el jueves 11 de septiembre en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo, a las 19:00 hrs.

Él escritor habla sobre: Tristania.
 
 Es una excelente novela, que no hay que dejar de leer.

25 de julio de 2014

Lo que rescata "El gran hotel Budapest"

Stefan Zweig
¿Quién es Stefan Zweig? Rara pregunta. Si se opta por el camino sencillo se podría dejar en escritor austriaco, vienés de nacimiento y de vocación; judío por accidente. Si se lee su obra con la misma pasión que exige la escritura arrebatada de El mundo de ayer -sus memorias-, entonces la pregunta puede llegar a incomodar. Zweig no es sólo un intelectual al uso atrapado entre dos guerras mundiales y otras tantas formas de totalitarismo, sino que de su nombre depende todo lo bueno que alguna vez soñó para sí Europa. No se trata sólo de un autor, sino, mucho más ambicioso, de una provocación. Como Arthur Koestler, por ejemplo, su vida y su obra son el testimonio quizá de una promesa, de una idea, de lo que pudo ser y finalmente no fue. Eso, o más grave, la sencilla constatación del más ridículo y tremendo de los fracasos: el nuestro, el de Europa.

Quién sabe si por lo que sucede ahora mismo en el extremo oriental a las orillas del mar Negro de esa Europa pacífica, activa, culta y finalmente imposible por la que peleó Zweig, o quizá por la incapacidad de los europeos de entender en este preciso instante que lo que viene del Sur no es necesariamente una amenaza; el caso es que el autor de Carta de una desconocida se antoja más presente y necesario que nunca. Eso o simplemente una película. El gran hotel Budapest, de Wes Anderson, rescata de forma íntegra su figura y, por decirlo mejor, su espíritu, lo que es más importante. Y todo ello bajo la apariencia inocente, o no tanto, de una comedia detallista, precisa, tal vez perfecta, empeñada en borrar los límites entre la fantasía y la realidad, entre la ensoñación de un tiempo casi borrado por el olvido y la sensación grata y dura de reconocimiento de lo auténticamente real. Contradictorio e irrenunciable.

Cuenta el director de Houston que dar con Zweig significó para él casi una revelación. «Fue un autor con el que di muy tardíamente con la lectura de 'La piedad peligrosa', su única y verdadera novela. La impresión fue aún mayor al descubrir que apenas es ya leído ni en mi país ni creo que en Europa y que sólo desde hace una decena de años ha empezado a tener cierta relevancia en determinados círculos», dice Anderson y acto seguido puntualiza: «La película, en cualquier caso, no se refiere directamente a ninguna de sus obras de forma determinada, pero creo que todo lo esencial de su trabajo está ahí: el argumento no es otro que el crepúsculo de una Europa y de una determinada cultura europea. La que defendió y representó Zweig».

El mundo de la seguridad

Y en efecto, la cinta recrea con el mismo entusiasmo con el que Zweig lo describe «el mundo de la seguridad» que precedió a la Gran Guerra. «Todo en nuestra monarquía austríaca casi milenaria», se lee en las memorias del autor, «parecía asentarse sobre el fundamento de la duración, y el propio Estado parecía la garantía suprema de esta estabilidad... Todo el mundo sabía cuánto tenía o cuánto le correspondía, qué le estaba permitido y qué prohibido. Todo tenía su norma, su medida y su peso determinado». Y todo ello se aprecia en el rigor de una cinta que se quiere parecer a Zweig en cada detalle. Que son muchos.

Como los propios relatos del austriaco, el último trabajo del director de Viaje a Darjeeling se estructura alrededor de un secreto. Dos personajes se encuentran y en el choque fortuito nace el principio de un cuento, una culpa o un misterio confesado, que cambiará para siempre la vida del que escucha. La importancia del relato no radica tanto en su capacidad para levantar testimonio de un hecho como de sugerir en el que escucha la clave para entender su propia vida. Y eso que vale para uno de los dos protagonistas del cuento o novela, el que atiende, sirve exactamente igual para el lector.

De alguna forma, toda la literatura de Zweig juega a recrear la pulsión original de los mitos compartidos, la cultura, digamos, occidental. Toda su literatura, por moderna, es necesariamente literatura de literatura, cuento de cuento, narración de lo ya narrado. Y ahí coincide tanto un proyecto estético como social y político. Todo el arte europeo (o todo el arte sin más) es necesariamente un terreno compartido; un espacio común para la comprensión (aquí su dimensión utópica) y (llegan las malas noticias) para la fatalidad. Mal que nos pese, todos somos víctimas del mismo destino social como el oficial de 'La piedad peligrosa' que, incapaz de sobreponerse a las convenciones de la sociedad, acaba por ser un héroe para todos y un miserable para sí mismo.